dom

24

may

2015

Desaparecidos, la angustia infinita

Sus rostros y sus nombres continúan estando en la memoria colectiva, pero solo periódicamente vuelven a situarse en el primer plano de la actualidad informativa, a donde un día llegaron por distintas circunstancias. Son los Yéremi Vargas, Sara Morales, Raúl Sanz, Stephan Simon o Víctor Teni, personas que desaparecieron en distintos puntos del Archipiélago en los últimos 10 años y cuyo paradero sigue siendo todavía hoy una angustiosa incógnita.

Como ellos, según explican a este periódico fuentes policiales y desde la asociación SOSDesaparecidos, actualmente continúan activadas 21 alertas de personas que desaparecieron en las Islas y de las que no existe rastro. Varios de ellos son menores de edad y ciudadanos extranjeros, que por distintos motivos se encontraban en Canarias cuando se notificó su desaparición.

Desde la Asociación de Familiares de Personas Desaparecidas sin Causa Aparente (Inter-SOS), explican que dado que es un problema que abarca tantos ámbitos y es muy complejo, la situación “desborda a las familias”. “Hay que tratar con la policías, jueces, medios de comunicación,…, muchas veces en un lenguaje críptico, para el que la mayoría de las personas no estamos preparados”, añaden los responsables de esta entidad, que recuerdan que “en la actualidad sólo existen en el Código Civil materias referidas a la Ley del Ausente, con plazos muy claros sobre la declaración de defunción que debe asumir la familia”. Ésta, según los psicólogos, es la principal damnificada de una desesperante situación que es muy difícil de asumir. 

En la misma línea se expresa Francisco Jiménez, promotor de la página web www.sosdesaparecidos.es, vinculada a la asociación del mismo nombre que fundó Joaquín Amills a raíz de la desaparición de su hijo. Dicha web sirve como canal de búsqueda a través de Internet de personas de las que no se sabe nada. Para Jiménez, “las primeras horas pueden ser claves”, por lo que es necesario actuar con celeridad. “Cada día que pasa las posibilidades son menores, pero no por ello hay que rendirse, porque cada instante que unos padres no tienen a sus hijos, que no pueden llorar donde están reposando, los llevan más en su corazón; y por ellos, por su inocencia y sensibilidad, deben seguir luchando y exigiendo que se busquen”, espeta.

SOSDesaparecidos, que está activa desde 2007 y está enlazada con páginas similares en Europa y Estados Unidos, colabora en la difusión de personas desaparecidas de cualquier edad, cuyos familiares no saben qué ha sucedido ni dónde se encuentran. Cuenta además con el apoyo de un despacho de Desarrollo y Análisis Criminológico.

“En regiones como Canarias, es mucho más preocupante que no haya indicios o pistas sobre una desaparición, porque se trata de terrenos acotados con menor posibilidad de dispersión y movilidad”, subraya Fran Jiménez, quien confiesa que el caso de Yéremi Vargas es posiblemente el más complejo al que se han enfrentado en los últimos años los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, ya que incluso “se llegó a activar una operación jaula en todo el Archipiélago que no dio ningún resultado”. “Es uno de los que más ha afectado a la población y a la propia policía por su complejidad, por la forma en que se produjo y sobre todo por tratarse de un niño”, recalca. Y es que, en el caso de los menores, la ausencia se torna mucho más “desesperante”. Según cifras del Centro Europeo para la Búsqueda de Niños Desaparecidos, en Italia se ha perdido la pista a 1.850 niños desde 2009; en Bélgica y Holanda, a 1.022; y en el Reino Unido se contabilizan casi 70.000 la última década. En España, fuentes policiales estiman que cada año se presentan unas 20.000 denuncias por casos de este tipo, muchas de las cuales todavía están por resolver. El fenómeno de los menores desaparecidos, no obstante, no es nuevo, ya que desde el año 1981, cada 25 de mayo se celebra en todo el mundo el Día Internacional de los Niños Desaparecidos, en recuerdo de todas esas familias que perdieron a alguno de sus hijos y nunca más volvieron a saber de ellos.

Claves y consejos

- ¿Qué hacer? En primer lugar, reflexionar y valorar las costumbres y hábitos del desaparecido. Luego, hablar con las personas con las que se relacionase el día de la desaparición. Hacerse una primera hipótesis de lo que pudo haber pasado. Si no hay explicación clara, acudir enseguida a la Policía para formalizar una denuncia. Entrevistarse con el responsable principal y preguntar qué más se puede hacer para ayudar. Luego, hacer pública la desaparición ante los medios de comunicación.

- ¿Cómo actuar? Editar y repartir carteles con la fotografía y datos personales, indicando como contacto el número de la Policía. Se pueden repartir en estaciones del tranvía, guaguas, comisarías, juzgados, hospitales, mercados y otros lugares frecuentados. Ponerse en contacto con otros servicios o instituciones que puedan ayudar: policía municipal, bomberos, guardas forestales, servicios sociales, etc. Alojar los datos y la foto en una página de Internet y hacer difusión por la Red. Contactar con personas con las que mantenía una relación para encontrar algún indicio. Mantener entrevistas periódicas con la comisaría que lleve el caso. Conocer todos los ambientes donde se relacionaba el desaparecido. Crear un grupo de apoyo con amigos y compañeros de la persona y de la familia con encuentros periódicos para analizar el caso y ver qué más se puede hacer.

- ¿Cómo ayudar? La colaboración ciudadana tiene gran importancia, ya que las primeras 48 horas son vitales. Las alertas lanzadas por mail y redes sociales deben ser difundidas por cibervoluntarios. Además, una forma de ayudar es participar en la campaña de cartelería y búsqueda sobre el terreno bajo supervisión de las fuerzas y cuerpos de seguridad. 

Identificación genética y trata de personas 

En 1998, el grupo de investigación del Departamento de Medicina Legal y Toxicología de la Universidad de Granada ideó un programa de identificación genética de personas desaparecidas (Programa Fénix), para la determinación de cadáveres o restos que no se pudiesen identificar empleando métodos tradicionales. Su finalidad era prestar ayuda a los familiares de las personas desaparecidas. Este programa fue pionero a nivel mundial, puesto que anteriormente no existía ninguna base de datos con estos fines. La iniciativa fue apoyada por la Guardia Civil y el Ministerio del Interior, lo que permitió la creación de un programa nacional de identificación de cuerpos y restos de desaparecidos.
También merced al Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, en 2004 se ponía en marcha el Proyecto DNA-Prokids, centrado en la lucha contra el tráfico de seres humanos a través de la identificación genética de las víctimas y sus familiares, especialmente en casos de niños. Tras un estudio piloto en países de Centroamérica y Asia llevado a cabo entre 2006 y 2008, en 2010 se decidió su ampliación con alcance mundial. Desde entonces, más de 600 menores han sido identificados y reunificados con sus familias, y se han tomado 4.500 muestras en 16 países. La proyección es que ambas bases de datos trasciendan fronteras, para poder ubicar a todos los niños víctimas del tráfico de personas.