El duelo interminable

Hace unos años escuché al periodista, Francisco Pérez Abellán, pronunciar aquella frase que ya nunca volvería a olvidar, “la maldita lotería negra”, dijo. Le escuché en las III Jornadas de Personas desaparecidas sin causa aparente. Desde entonces hemos visto como esa maldita lotería ha engordado y seguirá engordando con más personas, que sin saber por qué desaparecen sin más y sin dejar rastro alguno.

 

Se calcula que hay alrededor de 14.000 personas en paradero desconocido en España, aunque no hay datos oficiales que confirmen si la cifra es superior o inferior año tras año. Inter SOS es la única asociación de desaparecidos que existe en nuestro país, desde su creación ha luchado mucho por conseguir grandes logros, como el cotejo de ADN, la unión de las bases de datos de los distintos cuerpos policiales, etc. Actualmente, no dan a basto, ofrece atención a 70 familias, sin apenas recursos y resignándose a no poder ayudar a más por la falta de subvenciones.

 

Cuando Cristina Bergua desapareció, el 9 de marzo de 1997, sus padres, Juan y Luisa, no quisieron quedarse de brazos cruzados y junto con los padres de Llum Valls, también desaparecida poco después, crearon Inter SOS. Gracias al tesón de unos padres valientes y de toda la asociación en 2010 el Congreso de los Diputados declaró el día 9 de marzo como “Día de los Desaparecidos sin causa aparente”.

 

En este reportaje que quiere conmemorar la memoria de todas esas caras, con nombres y apellidos, escucharán algunas de las historias que hay detrás. Hay muchas, y por desgracia desgarradoras. La desaparición de un ser querido es una herida abierta, un desconsuelo, una angustia, es una espera eterna.

 

Cristina Bergua Vera tenía 16 años cuando desapareció. Aquel 9 de marzo de 1997 por la tarde, iba a romper la relación con su novio Javier. Sólo una pista, una carta anónima que decía que la buscaran en el vertedero del Garraf. Los pocos recursos para peinar el vertedero y la inmensidad del lugar hicieron imposible encontrar su cuerpo. Su familia vive con la duda de saber qué pudo pasar.

 

Maria Teresa Rodríguez Alcalde desapareció en mayo de 1997, tenía 51 años. Desapareció en la montaña de Collserola cuando iba a buscar a su perro. Se hicieron batidas, pero nunca apareció. Su marido y sus hijos no han dejado de buscarla.

 

Ana María Martos Nieto tenía 32 años cuando despareció, en enero de 2004. Estaba atravesando una depresión a causa de una separación matrimonial. Se despidió diciéndole a su madre, Conchi, que quería desconectar, pero nunca volvió a saber nada más de ella.

 

Óscar Martínez Ramos desapareció en noviembre de 2009, tenía 37 años. El día anterior a su desaparición llamó a sus padres a la una de la madrugada, dijo que estaba bien, pero a la mañana siguiente ya no estaba en su casa. Se le vio por última vez en una gasolinera cerca de Els Hostalets de Balenyà.